Otra de las palabras que me hicieron eco este año. La
RAE la define como la coincidencia de ideas u opiniones. Y otros diccionarios
lo hacen como la armonía entre dos o más personas o cosas. En el plano de la música esta puede ser la igualdad
de tono o frecuencia entre dos sistemas de vibraciones. Y en el caso de la
Radio o TV también puede referirse a la música que señala el incio o el fin de
una emisión.
Sin embargo, cuando de relaciones de trata la
sintonía es mucho más que todas esas definiciones combinadas… al menos para mi. La sintonía relacional (si, me cabe inventar tecnicismos,
así me creo mejor la historia, banquenmé!) es algo que muy pocos pueden experimentar. Es como un artículo de lujo y algo muy difícil de explicar con
certeza si no lo experimentaste. Puede ser el anhelo de muchos y la realidad de
unos pocos mortales.
Cuando dos personas están en sintonía el mundo
parece quedarles chico por instantes. El alma, si suponemos su existencia, se
eleva; el sol brilla con más intensidad; la energía que emanan es de color
fuego. La unión parece indestructible. El empuje parece infinito, así como la
vitalidad.
Las personas en sintonía desbordan felicidad y esta
es sanadora y contagiosa (si, los pajaritos cantan y toda la bola esa también). Pero (siempre hay un pero), lamentablemente, la
sintonía tiene algunos enemigos. De todos el peor es el miedo, que es muy amigo
de la cobardía, tiene a la negación por secuaz y a la mentira como mano
derecha. El miedo nunca viene solo (por que ante todo es muy cagón -?-) y sabe
cargarse a la sintonía cuando esta se debilita.
Siempre dije que por algo las cosas pasan y creo que
por algo también, a veces, NO pasan. El problema es que la sintonía, aunque no
es indestructible, es una guerrera poderosa que deja secuelas. Aquellos que la
han experimentado saben a qué me refiero… y aquellos que aún no lo han hecho no
deberían bajar los brazos.
Una de las secuelas de la sintonía es el deseo del
eterno retorno (me desayuné a Nieztche esta mañana, so what?). Es volver a
soldarse, reparar la fuga, reencontrar la armonía, volver al equilibrio. Pero
esa es una tarea muy dificil que depende, generalmente, del equilibrio de los
momentos que atraviezan aquellas personas que supieron estar en sintonía alguna
vez (que tema el de los momentos, nocierto? Uf!).
La sintonía tiene en su interior alma de Ave Fénix.
Siempre busca renacer de las cenizas. Reconstruirse, reinventarse y recomenzar.
La sintonía es, en la vida, uno de los mejores estados
que dos personas pueden compartir y experimentar: estar en sintonía plena. El
problema es que la vida es una sucesión de momentos causales, cuya verdadera
causa será, la mayoría de las veces, un misterio que no siempre podremos
resolver.
(Atajate esa si podés, capo).
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