jueves, 31 de octubre de 2013

Descubrir al Ladrón (El desencanto)

A veces lo mejor que podemos hacer por nosotros mismo es tomar distancia. Si, como en la primaria. Tomar distancia física, para que la mente y el corazón, con más esfuerzo, acompañen.

El amor, se supone que debe elevarte, hacerte mejor persona, despertarte, reconocerte vivo. Se supone no. MOMENTO. No se supone nada, ES ASÍ.

Sucede que, a veces, cuando una entrega el corazón (dije corazón, che!) es difícil darse cuenta que "ese" sentimiento del principio no siempre perdura. Y no quiero caer en una discusión eterna sobre el flechazo, el angelito loco ese y el enamoramiento. A veces, va más allá de esa idea.

Me refiero a "ese momento" en la relación con otro ser humano en el que por adentro te decís: “es él”, “es este”, “con este me dejo”, “con este quiero todo”… Me seguís? Yo sé que si. Y te voy a decir algo que no te va a gustar… (pero te lo voy a decir igual) Si fuese “él” no estaríamos filosofando sobre todo esto. Estaríamos hablando de lo bien que están o de los nombres de sus futuros hijos #ponele. Entonces, de base, NO ES ÉL #tsssss

Podría haber sido, pero NO. Dejalo ir, my friend. Dejate invadir por el desencanto que puede ser tu mejor aliado para salir del lugar en el que te metiste (o te dejaste meter… dije LUGAR, che!).

¿Sabés que pasa? Cuando nos enamoramos, sobre todo si sos como yo… de esas que dejan todo en la cancha, solemos cubrir todas esas “cositas” que no nos cierran o nos hacen "ruido" con una nube, con una cortina. Las tapamos, no las queremos ver!!! Nos agarramos de lo que SI nos gusta y nos hace bien... y, además, nos conviene para seguir peleandolá (a vos de chica te dijeron que eras #WonderWoman, no? Si, ya sé, qué cagada). Y así seguimos peleandolá abrazadas como locas al: “es Él, amiga, te lo juro, me caso, es él”. Pero NO, No es. Aunque duela. NO ES. Y no te vas a morir por darte cuenta. Más vale tarde que nunca.

Lo más difícil es darse cuenta. Aceptarlo. Aceptar que lo percibiste mal, amiga, puede pasar. No te encapriches. Empezá a soltar. Dejá de hacerte la boluda! (DEJÁ DE HACERTE LA BOLUDA A-HO-RA!!). Aceptá que no es lo que esperabas. Acepta que vos querés otra cosa. Aceptá.

Una vez que te das cuenta tenés dos opciones: 1) lo sentás al señorito Peter Pan y le aclarás el panorama (sacudiendo tu pelito como una modelo en una publicidad de shampoo) y 2) te retirás del juego, despacito, calladita, sin mucho bombo y platillo.

Si elegís la opción 2… te admiro, loca!!! Por tener esa capacidad de salir del juego a tiempo y cambiar de página sin mirar atrás. En cambio, si elegís la opción 1… te compadezco maestra, por ser como yo! Lo último que perdés es la esperanza y no podés cambiar de página hasta que no agotaste todas tus fichas y neuronas (Lo sé. Si, te entiendo. Igual te confieso… no me arrepiento de ser así).

Si tomás la opción 1, empezás a juntar voluntad, ensayás discursos, anotás ideas… esperando (conscientemente o no) que cuando lo sientes al GIL en cuestión y le digas: “Oiga, maestro! Esto así no me cierra!!” él te diga: “tenés razón, cambio todo por vos, me la juego entera”. Pero NO. Eso, por lo general, no sucede. En la mayoría de los casos el galán corre. Huye como rata por tirante (#hola si, tengo 95mil años). Y si no huye juega a darte vuelta las cosas o te salta con un martes 13… porque lo descubriste!!! Desnudaste su juego y tuviste los huevos de plantártele en su carita y ponerle los puntos (en un par de años cuando se acuerde de vos no se va a parar de repetir “Qué mujer!!!”, acordate, es fija). Así, desnudo como se siente por quedar en offside y no tener las bolas para hacerse cargo de la situación rápidamente huye, siendo políticamente correcto, o no. Huye, corre más rápido que Usain Bolt.

¿Y vos? Vos empezás a juntar tus pedazos como podés. Y arrancás con la pregunta que todas inevitablemente nos hacemos en primera instancia en ese lugar… ¿Por qué? ¿Por qué a mi? ¿Por qué? Ya sé, es una mierda… pero… te tiro un #tip que te va a ser muy útil… cuando dejes de autoflagelarte (puede llevar un tiempito, lo sé, te dije que yo también me comí la de WonderWoman!) vas a ver que la desilusión y el desencanto, aunque duelan y pesen, te ayudan a correrte de lo que no es para vos. A veces, descubrir que el ladrón que te choreó el corazón no juega el mismo juego que vos… es trágico, lo sé… pero también es la puerta que te invita a salir corriendo de ahí. Él NO ES. Punto.


Deal with that! Y… que pase el que sigue, amiga.