A veces lo mejor que podemos hacer por
nosotros mismo es tomar distancia. Si, como en la primaria. Tomar distancia
física, para que la mente y el corazón, con más esfuerzo, acompañen.
El amor, se supone que debe elevarte,
hacerte mejor persona, despertarte, reconocerte vivo. Se supone no. MOMENTO. No
se supone nada, ES ASÍ.
Sucede que, a veces, cuando una entrega
el corazón (dije corazón, che!) es difícil darse cuenta que "ese" sentimiento del
principio no siempre perdura. Y no quiero caer en una discusión eterna sobre el
flechazo, el angelito loco ese y el enamoramiento. A veces, va más allá de esa
idea.
Me refiero a "ese momento" en la relación
con otro ser humano en el que por adentro te decís: “es él”, “es este”, “con
este me dejo”, “con este quiero todo”… Me seguís? Yo sé que si. Y te voy a
decir algo que no te va a gustar… (pero te lo voy a decir igual) Si fuese “él”
no estaríamos filosofando sobre todo esto. Estaríamos hablando de lo bien que
están o de los nombres de sus futuros hijos #ponele. Entonces, de base, NO ES
ÉL #tsssss
Podría haber sido, pero NO. Dejalo ir,
my friend. Dejate invadir por el desencanto que puede ser tu mejor
aliado para salir del lugar en el que te metiste (o te dejaste meter… dije
LUGAR, che!).
¿Sabés que pasa? Cuando nos enamoramos,
sobre todo si sos como yo… de esas que dejan todo en la cancha, solemos cubrir
todas esas “cositas” que no nos cierran o nos hacen "ruido" con una nube, con una cortina. Las
tapamos, no las queremos ver!!! Nos agarramos de lo que SI nos gusta y nos
hace bien... y, además, nos conviene para seguir peleandolá (a vos de chica te dijeron que
eras #WonderWoman, no? Si, ya sé, qué cagada). Y así seguimos peleandolá abrazadas
como locas al: “es Él, amiga, te lo juro, me caso, es él”. Pero NO, No es. Aunque
duela. NO ES. Y no te vas a morir por darte cuenta. Más vale tarde que nunca.
Lo más difícil es darse cuenta.
Aceptarlo. Aceptar que lo percibiste mal, amiga, puede pasar. No te encapriches.
Empezá a soltar. Dejá de hacerte la boluda! (DEJÁ DE HACERTE LA BOLUDA A-HO-RA!!). Aceptá que no es lo que esperabas.
Acepta que vos querés otra cosa. Aceptá.
Una vez que te das cuenta tenés dos
opciones: 1) lo sentás al señorito Peter Pan y le aclarás el panorama (sacudiendo tu pelito como una modelo en una publicidad de shampoo) y 2) te retirás del juego, despacito,
calladita, sin mucho bombo y platillo.
Si elegís la opción 2… te admiro, loca!!! Por
tener esa capacidad de salir del juego a tiempo y cambiar de página sin mirar
atrás. En cambio, si elegís la opción 1… te compadezco maestra, por ser como yo! Lo
último que perdés es la esperanza y no podés cambiar de página hasta que no
agotaste todas tus fichas y neuronas (Lo sé. Si, te entiendo. Igual te
confieso… no me arrepiento de ser así).
Si tomás la opción 1, empezás a juntar
voluntad, ensayás discursos, anotás ideas… esperando (conscientemente o no) que cuando lo sientes al GIL en cuestión y le digas: “Oiga,
maestro! Esto así no me cierra!!” él te diga: “tenés razón, cambio todo por vos,
me la juego entera”. Pero NO. Eso, por lo general, no sucede. En la mayoría de
los casos el galán corre. Huye como rata por tirante (#hola si, tengo 95mil
años). Y si no huye juega a darte vuelta las cosas o te salta con un martes 13…
porque lo descubriste!!! Desnudaste su juego y tuviste los huevos de
plantártele en su carita y ponerle los puntos (en un par de años cuando se
acuerde de vos no se va a parar de repetir “Qué mujer!!!”, acordate, es fija).
Así, desnudo como se siente por quedar en offside y no tener las bolas para
hacerse cargo de la situación rápidamente huye, siendo políticamente correcto,
o no. Huye, corre más rápido que Usain Bolt.
¿Y vos? Vos empezás a juntar tus pedazos
como podés. Y arrancás con la pregunta que todas inevitablemente nos hacemos en
primera instancia en ese lugar… ¿Por qué? ¿Por qué a mi? ¿Por qué? Ya sé, es
una mierda… pero… te tiro un #tip que te va a ser muy útil… cuando dejes de
autoflagelarte (puede llevar un tiempito, lo sé, te dije que yo también me comí
la de WonderWoman!) vas a ver que la desilusión y el desencanto, aunque duelan
y pesen, te ayudan a correrte de lo que no es para vos. A veces, descubrir que
el ladrón que te choreó el corazón no juega el mismo juego que vos… es trágico,
lo sé… pero también es la puerta que te invita a salir corriendo de ahí. Él NO ES.
Punto.
Deal with that! Y… que pase el que
sigue, amiga.