Platón cuenta que los seres humanos fueron alguna vez mitad masculinos y mitad femeninos. La Tierra se encontraba habitada por personas esféricas como naranjas, con dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse… rodando. Esta unidad, los volvía extremadamente poderosos. Así, estos hermafroditas (andróginos: hombre + mujer) empezaron a desafiar a los dioses.
El Olimpo no era un lugar donde vivían deidades capaces de tolerar las rebeldías, así que los dioses decidieron eliminar a los humanos.
Cuenta el mito que a último momento una decisión narcisista los frenó. Si los mataban a todos no habría quién los adore. Zeus ideó la solución, con su rayo cortó a los humanos en dos mitades con vida propia, así su fuerza disminuiría y no habría más competencia.
Una vez separados Apolo volvió invisibles las heridas creando el ombligo como cicatriz de esa separación. Los humanos, divididos en hombres y mujeres, empezaron a poblar la tierra.
Sin embargo, el esfuerzo de todo el Olimpo no pudo evitar que quedara algo de aquella unidad en el recuerdo, y es por eso que los seres humanos siguen buscando permanentemente su otra mitad.
Se cree que en un principio, al encontrarse, estas mitades se fundían en un profundo abrazo y deseando no volver a separarse se dejaban morir de inanición. Zeus, compadecido, ordenó que se les girasen la caras hacia el mismo lado donde tenían el sexo. De este modo, cada vez que uno de estos seres encontrara a su otra mitad, de esa unión podrían obtener placer y descendencia.
Desde entonces, los seres humanos se ven condenados a buscar entre sus semejantes a su media naranja para fundirse en abrazos que los completen.
ME CAGO EN ZEUS!!!!! Yo no encuentro a mi media naranja, ni siquiera encuentro un medio pomelo, kiwi, manzana o semejante. Ahora claro… por su fantástica idea de dividirnos (quién mierda se cree que es? Zeus? Ja!) estamos condenados a creer que una parte nuestra anda suelta por ahí buscándonos. Pues entonces partecita querida mejor que te apures a encontrarme, porque yo de buscarte ya me cansé.
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